La Capilla Sixtina condensa cinco siglos de arte, política y ritual en una sala de solo 40,9 por 13,4 metros — más pequeña de lo que la mayoría de los visitantes imagina solo por las fotos, lo que en parte explica por qué se siente tan concurrida.

  • El techo — pintado entre 1508 y 1512, la obra más conocida de Miguel Ángel
  • El Juicio Final — añadido a la pared del altar más de dos décadas después, una composición muy distinta y más oscura
  • Las paredes laterales — pintadas al fresco por Perugino, Botticelli y Ghirlandaio antes de que Miguel Ángel llegara siquiera, y a menudo pasadas por alto
  • El cónclave — celebrado aquí desde finales del siglo XV; sigue siendo una capilla en activo, no solo una sala de museo
  • Código de vestimenta y fotografía — aplicados aquí con más rigor que en casi cualquier otro lugar de los Museos