Ninguna institución del Vaticano tiene una reputación más alejada de su trabajo diario que el banco.

MITO — es un banco para clientes corrientes

El Instituto para las Obras de Religión, fundado en 1942, no ofrece cuentas al público. Existe para gestionar los fondos de órdenes religiosas, diócesis, empleados vaticanos e instituciones católicas de todo el mundo — una de tantas instituciones vaticanas con una reputación mayor que la realidad de su trabajo cotidiano.

REALIDAD — el escándalo que forjó su reputación

En 1982, el italiano Banco Ambrosiano colapsó con más de mil millones de dólares sin justificar; el IOR, como accionista importante, se vio arrastrado directamente a las consecuencias tras hallarse muerto a su presidente, Roberto Calvi, bajo un puente de Londres. El Vaticano pagó 244 millones de dólares a los acreedores de Ambrosiano en 1984 como gesto de buena voluntad, sin admitir responsabilidad legal.

REALIDAD — reformas que muchos aún no han asimilado

Desde principios de la década de 2010, el IOR publica auditorías externas, se ha sumado a la supervisión internacional contra el blanqueo de capitales, y publica por primera vez en su historia informes financieros públicos anuales — cambios que, hasta ahora, han hecho poco por sacudir la reputación de secretismo de la institución, arraigada durante décadas.